19 oct. 2017

Viajar en colectivo sin un libro



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Subo al colectivo y me doy cuenta de que me olvide de agarrar un libro. 

En el colectivo de ida duermo, a la vuelta leo. Ya es mi ritual de los viajes a capital. Pero hoy me olvide. Anoche terminé el que estaba leyendo y esta mañana me olvide de agarrar otro. 

Entonces empieza la agonizante tarea de encontrar otra cosa para hacer. 

Reviso el celular, me aburro, lo guardo en la mochila. 

Saco una libreta y empiezo a escribir, pero la letra me sale horrible y tengo que hacer mucha fuerza con la muñeca. Pongo punto y la guardo.

Empiezo a escuchar música y miro por la ventana. Miro el camino que recorro tres veces por semana pero que casi nunca miro porque, o estoy durmiendo o estoy leyendo. 

De pronto diviso a un chico tres asientos más adelante. 

Tiene un libro. 

Fuerzo la vista e intento descifrar alguna palabra, tengo sed de la tinta sobre el papel, pero no llego a ver nada. 

Suspiro resignada y observo a las tres personas que viajan paradas. Las tres escuchan música. 

Vuelvo a mirar al chico. 

Termina un capítulo y guarda el libro.

Algo dentro de mi tira hacia adelante. 
Tengo unas ganas increíbles de estirar el brazo y quitárselo, pedirle que me lo preste, por lo menos por un ratito. 

Cierro los ojos. Como a los bebes el movimiento del colectivo me duerme. 

Me despierto sobresaltada cuando estamos a punto de llegar a Lujan. La música sigue sonando. Aprieto pausa  y vuelvo a guardar el celular. 

Llegamos. 

Me bajo del colectivo.

Me tengo que subir a otro.

Sigo sin tener un libro.


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12 oct. 2017

Palabras robadas: Elena Ferrante



He estado un poco desaparecida por acá, pero estoy leyendo mucho y escribiendo mucho. Estoy preparándome para el verano, ya que me voy tres meses de viaje y todavía tengo muchas cosas por hacer. Pero para olvidarme de mi lista de cosas pendientes, leo dos o tres libros a la vez. Uno de ellos es Crónicas del desamor de Elena Ferrante, una autora de la que se sabe muy poco, pero de la que es imposible no enamorarse. Sus historias son un poco tristes, grises, pero son muy sinceras, intimas. Sus personajes van más allá de las acciones. Sus historias son un viaje al centro mismo del personaje, a su cabeza y a su corazón. 

Aquí les dejo algunas de las frases que he ido recolectando:

"Decir es encadenar tiempos y espacios perdidos"

 
"Me sentí un objeto en el centro de la habitación en misterioso equilibrio"



“El futuro será así, pensé.  La vida de los vivos junto al olor húmedo de la tierra de los muertos, la atención junto a la desatención, los latidos de entusiasmo del corazón junto a las bruscas pérdidas de significado. Pero no será peor que el pasado.”

“Un reloj estropeado cuyo corazón de metal seguía latiendo y por eso estropeaba el tiempo”

“Quería escribir historias llenas de corrientes de aire, de rayos filtrados en los que bailase el polvo. Además me gustaban los autores que te obligan a asomarte por cada renglón para mirar abajo y sentir el vértigo de la profundidad, de la negrura del infierno”.


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